Hola a todos y bienvenidos a mi blog, o, como lo llamo yo, mi “diario de escape”. Quizás lo de diario suene algo infantil o incluso femenino, pero no me gusta engañar a nadie y menos a mí mismo; ya hay suficientes secretos y mentiras a mi alrededor como para hacer crecer la montaña. Si es un diario, es un diario. ¿Y por qué de escape?, podríais preguntaros. Pues porque considero que este es el único modo que tengo de liberar mis sentimientos sin herir a nadie en el camino.
Quizás hayáis llegado a este site por casualidad, u os lo haya recomendado alguien, o habéis escrito mal una dirección y habéis acabado aquí. A lo mejor, aunque no quiero hacerme ilusiones, en el (¿mejor? ¿peor?) de los casos sois como yo y habéis entrado aquí a propósito buscando la respuesta de un eco que creíais extinto. Sea como sea, es un placer teneros como lectores.
No quiero extenderme demasiado en mi primera entrada. No quiero aburriros y repeleros en las primeras líneas. Quien sabe, tal vez en el futuro la cosa se ponga interesante y, por mi culpa, ya no estéis aquí para compartirlo conmigo.
Pero seamos sinceros: ni soy un tipo interesante, ni tampoco soy alguien que acostumbre a rodearse de multitudes (¿o son las multitudes quienes no se acostumbran a mi?). Me siento muchas veces como una larva que intenta escapar del capullo que la atenaza durante el tiempo suficiente como para respirar aire fresco sin molestar a nadie. Quizás esta imagen de un gusano encerrado en su propia cáscara resulte de todo menos bella, pero dudo mucho que algún día logre volver a discernir qué es en realidad hermoso y qué no. Así pues, deberéis disculpar mi falta de reparos a la hora de escoger unas similitudes sobre otras.
De acuerdo, pido perdón por esta manera tan absurda de enrollarme y no decir nada. Voy a ir al grano. Mi nombre es Tommy. Me acabo de mudar a Oakvale, Connecticut con mi madre y mi gata-rabiosa-que-me-odia Gamera. Los tres vivimos en una autocaravana junto al lago Oxoboxo. ¿Y sabéis por qué nos hemos venido hasta aquí y hemos dejado atrás nuestro antiguo hogar? Por el instituto de Oakvale y su, según mi madre, “excelente educación para gente como yo”.
Sí, porque si ya es de por sí complicado ser adolescente, ir al instituto y tener que luchar por sobrevivir en un ambiente tan cargado de pasiones muchas veces incontrolables, estoy muerto. De acuerdo, no estoy “muerto”, estoy… discapacitado. O así es como algunos nos llaman. Discapacitados vitales. Un día vivos, al siguiente muertos y otro más tarde, de nuevo en pie. Supongo que estaréis más familiarizados con el término Zombi. La palabra es lo de menos: su significado no varía. Es cómo se dice lo que marca la diferencia.
Debería estar muerto y enterrado, y sin embargo me encuentro aquí como muchos otros jóvenes. No sabemos por qué ha sucedido ni sabemos hasta cuando durará, pero eso no cambia la realidad.
Por eso quiero dejar constancia de todo lo que viva en esta segunda oportunidad que (¿el destino?) me ha otorgado.
Como ya he dicho: bienvenidos a mi blog. Hace tiempo creí que había llegado mi final, pero poco a poco me doy cuenta de que todo esto no es más que el principio.
VN:F [1.8.8_1072]
Rating: 4.8/5 (72 votes cast)