SupuestamenteDead.com

Desconcentración incapacitada

2010
04.29

No puedo prestar atención a lo que leo. Soy incapaz de hilar dos palabras seguidas sin pensar en ella o sin trabarme. Este va a ser el texto más largo que escriba en los últimos días. ¿Qué me pasa? Sí, ya sé que soy un discapacitado vital, pero vosotros me conocéis y sabéis que con una regularidad bastante cuestionable actualizo el blog e intento poner en orden las cientos de ideas que aturullan mi cabeza. Pero desde hace tres semanas, lo veo como algo totalmente imposible.

Y todo es por su culpa.

Se llama Phoebe, aunque algún imbécil desconsiderado, añade siempre el mote de Panties negros (¿y dicen que soy yo el que debería comerme sus cerebros? ¡Pero si la mayoría ni tiene!). Phoebe -con o sin panties negros- me tiene desconcertado desde hace tiempo. No le damos miedo, ni asco, ni vergüenza. Nos mira sin ese brillo de burla que caracteriza siempre al resto de mis compañeros, y el otro día optó por ponerse conmigo en el trabajo de ciencias y mantener una conversación más o menos normal conmigo. Me habló de su familia, de sus amigos y de lo mucho que deseaba terminar el instituto y viajar. Lo sé, yo también pensé lo mismo: compartimos ese deseo.

No sé lo que pretende. ¿Será una apuesta con alguna amiga? ¿De verdad le da igual mi… condición? No quiero hacerme ilusiones, pero… Bueno, ¿y si…? Ya estamos otra vez. Bloqueo. Ideas atropelladas. Desconexión. ¿Podría ser que…? No me atrevo ni a escribirlo.

Este fin de semana hemos quedado. Los dos solos para terminar el trabajo.

Seguiré informando.

Un afectuoso saludo,
Tommy W.

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Zombis de ficción

2010
04.13

Queridos (¿amigos?) lectores,

Me alegra mucho ver que cada vez somos más quienes nos reunimos en esta web para conversar sobre los diversos temas que nos preocupan. Os insto desde ahora mismo a que propongáis vosotros también vuestras dudas y cuestiones en los comentarios si queréis charlar sobre algo en particular. De verdad que me cuesta expresar lo feliz que me siento al ver que, usuario a usuario, esta comunidad está creciendo ante nuestros ojos.

Hoy me gustaría hablar acerca de las películas y novelas sobre (zombis) discapacitados vitales que han aparecido a lo largo del tiempo. En los últimos años, si no meses, las obras artísticas en las que los “míos” aparecemos como protagonistas (¿o antagonistas, mejor dicho?) se han multiplicado. Debo reconocer que antes del… cambio, a mí me apasionaban, pero que después no he sido capaz de ver ni leer nada relacionado con el tema. Supongo que se trata de una reacción normal, ¿verdad? Al fin y al cabo a nadie le gusta verse reflejado como un monstruo-come-cerebros-y-devora-cuerpos (a todo esto: ¿hola? ¿Quién tuvo semejante idea?). Me gustaría saber lo que opinan Karen y el resto al respecto… No recuerdo haber hablado con ellos sobre el tema. Ya os diré.

Permitidme que explique mis motivos: no es que me vaya a sentir identificado con esos monstruos que aparecen en formación y que sólo se guían por sus instintos de destrucción, desde luego. Ni que me vaya a dar ideas para mis ratos libres (ja-ja, ¿de verdad lo podéis imaginar?). El caso es que creo que todavía no he aceptado mi situación actual. Lo sé, triste, ¿cierto? Pero es la verdad, y ya dije que en este blog no iba a escribir mentiras.

Entiendo los motivos por los que tienen tanta fama, y comprendo que ahora que somos reales estas películas y libros se hayan multiplicado, pero creo que tardaré bastante en sentirme lo suficientemente cómodo y orgulloso de mi nuevo estado vital como para imbuirme en alguna de ellas y no arrugar el entrecejo cada dos por tres.

Ya es demasiado complicado aparentar normalidad como un muerto viviente, rodeado de vivos vivientes que me recuerdan día sí y día también que soy diferente, como para también tenerlo presente cuando quiero desconectar y disfrutar de una historia que no es la mía. No sé si me entendéis…

¿Alguna vez os habéis sentido igual? No como muertos, (¿o sí?), si no como víctimas de un reflejo artificial en películas, novelas o series donde se describen las costumbres de un tipo de tribu urbana o grupo social con el que vosotros os identificáis y que parece que sólo busca burlarse de vosotros.

Me encantaría conocer vuestra opinión al respecto y descubrir, de paso, alguna película o libro en la que los discapacitados vitales no seamos monstruos repulsivos y asesinos (ja-ja).

Un afectuoso saludo,
Tommy W.

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Lo que quiero ser de mayor…

2010
04.10

Hola, queridos lectores.

Me asombra descubrir que cada vez sois más quienes os acercáis a este pequeño espacio en la red dedicado a mis pensamientos y secretos. Y eso me alegra. Siento haber estado tan desaparecido en las últimas semanas, pero han sido de lo más estresantes. Y podréis preguntaros cómo demonios pueden ser estresantes las semanas de un discapacitado vital como yo, ¡si debería estar muriéndome del aburrimiento! (ja-ja, espero que para ahora ya hayáis pillado mi humor).

Pues sí, como os decía, no he parado. A parte de los trabajos y exámenes para el Instituto (sólo tenéis que multiplicar por tres o cuatro -según la complicación- el tiempo que os lleva estudiar a vosotros normalmente para haceros una idea), también he acompañado a mi madre en una escapada madre-hijo zombi-gata asesina por los alrededores de Oakvale. No nos hemos alejado demasiado, pero ha sido suficiente para hacerme sentir en otro mundo y permitirme recapacitar sobre cosas en las que no me había detenido a pensar desde que… bueno, desde que volví a la vida.

Como tampoco quiero aburriros (¿más todavía?) con todo ello, sólo expondré el tema que más complicado me resulta quitarme de la cabeza: mi futuro profesional. Sí, sé que suena a años luz, pero el instituto no deja de ser un suspiro antes de enfrentarnos a la universidad (si se decide seguir estudiando) y más tarde al mundo laboral. Ugh, qué mal suena esa expresión: mundo laboral. Como si hubiera alguno en el que no tuviéramos que estar trabajando, como si no viviéramos encerrados en él desde pequeños viendo cómo nuestros padres desaparecen tras el desayuno para no volver hasta la cena.

¡Perdón!, que me disperso con una facilidad peligrosa. Resulta que mi madre me planteó la siguiente pregunta una noche que paramos en el viaje: Tommy,  ¿Qué piensa hacer cuando te gradues? Yo me quedé en silencio rumiando la respuesta, y mi madre se sonrió para sí como hace siempre que encuentra la forma de descolocarme y hacerme perder el hilo de mis pensamientos. Con poco que me conozcáis sabréis lo mucho que me gusta mantener una conversación fluida, intentando reducir las esperas entre respuesta y respuesta al mínimo. Por eso mi madre se burla cariñosamente de mí cada vez que me obliga a reflexionar más de la cuenta. Es un poco bruja, pero la quiero demasiado como para no darle este gusto de vez en cuando. Vale, ¿lo habéis visto? ¿Tengo tendencia a dispersarme o no? Esto creo que no tiene cura, ¡qué rabia!

Resumiendo, me puse a pensar en ello durante un buen rato antes de preguntarle a mi madre si realmente merecía la pena preocuparse por un futuro que puede no llegar nunca para alguien… bueno, como yo. Su cara se agrió en un abrir y cerrar de ojos y antes de que pudiera advertirlo ya me estaba sermoneando por plantearme siquiera la posibilidad de no llegar a vivir ese futuro. Le pedí disculpas y respondí lo que de verdad quería decir: que deseaba ser escritor. Un escritor de verdad. De esos que cuentan sus historias y las gente las lee y después las comentan y sueñan con ellas y las hacen suyas y… Si existe por ahí algún dios (quizás el mismo que me ha puesto por partida doble en esta tierra) le suplicaría con todas mis fuerzas que cumpliera mi deseo. Que me hiciera escritor. Aunque por el momento me conformo con escribir para vosotros, si os soy sincero.

Ahora os pregunto yo: ¿alguna vez os habéis planteado qué queréis ser de mayores? Si queréis compartirlo con los demás en los comentarios, será un placer leeros.

Cerrad los ojos e imaginaos de aquí a diez, o veinte o treinta años… ¿Qué veis? Recordad que si yo estoy aquí, lo imposible ha dejado de tener cabida en este mundo.

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Miedo a vivir solo

2010
03.27

Canción: Turn the page

Tengo suerte de tener la madre que tengo.

Para quien no la conozca (¿todos?) se llama Faith y tienes unos ojos de un azul tan intenso que parecen ocultar el secreto del cielo en ellos. Su pelo es rubio pajizo y siempre lo lleva despeinado. Trabaja como enfermera y apenas pasa demasiado tiempo en casa, pero al menos me quiere.

Ayer estuve hablando con los chicos sobre nuestras familias y la situación para muchos no es ni sencilla ni cómoda. Si bien es cierto que no tenemos la necesidad de comer, ni de beber, ni de dormir, saber que alguien nos espera en casa para querernos desinteresadamente y sin miedo a que vayamos a comernos sus cerebros en cuanto se descuiden (Ja-ja, broma fácil), es algo que tampoco necesitamos, pero que deseamos tener.

No puedo imaginar cómo me sentiría si después de un día entero de instituto lleno de miradas de soslayo, cuchicheos a mi paso, continuas bromas a mi costa y, en definitiva, un vacío absoluto, llegase a casa y sólo me esperase mi gata-anti-zombies Gamera. Como digo, tengo suerte de poder contar con mi madre y que ella siga aquí.

Sylvia, por otro lado, sufre el caso opuesto. Antes vivía en la Casa con los demás, pero tras ver que su estado no mejoraba y que seguía perdida en un laberinto mucho más enrevesado y oscuro que el de algunos de nosotros, optaron por llevársela a la Fundación. Allí al menos cuidan de ella. O eso creo.

Y es que esto no es algo que sólo dependa de nuestras familias, sino también de nosotros mismos. ¿Sería Faith igual de transigente conmigo viviendo allí si no fuera capaz siquiera de recordar cómo comer con cubiertos? ¿Si no pudiera desvestirme yo solo? ¿Si no pudiera mirarla a los ojos y mostrar reconocimiento?

A veces, cuando es de noche y aguardo en mi cama a que amanezca de nuevo me asalta el mismo temor una y otra vez; la misma pesadilla si pudiera soñar: ¿Y si en lugar de haber encontrado la manera de volver a la vida, me hubiera quedado a mitad de camino como tantos otros y… y…

Tengo miedo, lo reconozco. Un miedo irracional a quedarme solo. A vivir (¿diez años más? ¿veinte? ¿una eternidad?) solo.

Pero por el momento tengo a Faith. Y ella me tiene a mí. Y si Gamera quisiera, también podría disfrutar de mis caricias cuando mi madre faltase, pero no la juzgo por no hacerlo. A fin de cuentas, soy un muerto viviente.

¿Y quién querría las frías caricias de un cadáver?

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Sonrisa fallida

2010
03.19

Ayer intenté sonreír, pero no lo conseguí. Al menos no a tiempo. Por lo que el resultado es el mismo.

Han pasado ya dos semanas desde que colgué mi primera entrada en el blog; desde que me decidí a exteriorizar de una manera… pública mis pensamientos. Muchos os podréis preguntar qué necesidad tengo de hacerlo por Internet, en un blog, en lugar de a viva voz con mis compañeros de clase o con mi familia. Bien, pues todo se remonta una vez más al hecho de no haber podido sonreír a tiempo.

Supongo que esto es precisamente lo que significa ser discapacitado vital. ¿No os encanta el eufemismo? Estamos discapacitados para… vivir. No preparados. Estropeados. Incapaces de exteriorizar la cantidad de pensamientos y sensaciones que se atascan en nuestro cerebro cortocircuitándose entre ellos sin permitir que ninguno llegue a exteriorizarse. Maravilloso.

Tenemos tanto que decir, tanto que hacer y que opinar como cualquier… capacitado vital. Lo único que sucede es que hemos perdido esa agilidad que antaño nos permitía mostrarlo públicamente. Como si cada vez que nos encontrásemos delante de alguien un miedo escénico nos invadiese por completo y alguien nos pusiera una camisa de fuerza invisible en cuerpo y mente para que sólo pudiéramos quedarnos bloqueados como estatuas. Con la mirada fija en un punto indeterminado y una apacible mueca congelada en nuestros macilentos rostros.

Y estoy cansado. Cansado de que alguien me pregunte algo y que, mientras intento abrirme paso entre los laberínticos recovecos de mi cabeza, el otro se canse de esperar y, o bien haga una nueva pregunta con la que tendré que volver a lidiar de cero, o bien se dé media vuelta farfullando que no sabe ni para qué lo intenta. Esta es la verdadera razón por la que mi madre insistió tanto en que nos mudásemos y yo diera clase en el instituto de Oakvale. Por algún extraño motivo que todavía no consigo explicarme, pero que agradezco sobremanera, en esta localidad y en este centro en particular han decidido crear el mejor programa para discapacitados que se conozca. Aquí, al menos los profesores, soportaban las tensas esperas de varios minutos hasta que somos capaces de dar con la solución de un problema planteado en la pizarra y decirlo en voz alta.

Sin embargo, fuera del aula todo sigue igual. Ayer la vi. Me crucé con ella en el pasillo y quise dedicarle una sonrisa sincera. Pero no fui capaz de hacerlo a tiempo y perdí mi oportunidad. Cuando logré colocar mis labios correctamente, ella ya no estaba mirando.

¿De qué sirve sonreír si estás solo?

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Diario de escape

2010
03.09

Hola a todos y bienvenidos a mi blog, o, como lo llamo yo, mi “diario de escape”. Quizás lo de diario suene algo infantil o incluso femenino, pero no me gusta engañar a nadie y menos a mí mismo; ya hay suficientes secretos y mentiras a mi alrededor como para hacer crecer la montaña. Si es un diario, es un diario. ¿Y por qué de escape?, podríais preguntaros. Pues porque considero que este es el único modo que tengo de liberar mis sentimientos sin herir a nadie en el camino.

Quizás hayáis llegado a este site por casualidad, u os lo haya recomendado alguien, o habéis escrito mal una dirección y habéis acabado aquí. A lo mejor, aunque no quiero hacerme ilusiones, en el (¿mejor? ¿peor?) de los casos sois como yo y habéis entrado aquí a propósito buscando la respuesta de un eco que creíais extinto. Sea como sea, es un placer teneros como lectores.

No quiero extenderme demasiado en mi primera entrada. No quiero aburriros y repeleros en las primeras líneas. Quien sabe, tal vez en el futuro la cosa se ponga interesante y, por mi culpa, ya no estéis aquí para compartirlo conmigo.

Pero seamos sinceros: ni soy un tipo interesante, ni tampoco soy alguien que acostumbre a rodearse de multitudes (¿o son las multitudes quienes no se acostumbran a mi?). Me siento muchas veces como una larva que intenta escapar del capullo que la atenaza durante el tiempo suficiente como para respirar aire fresco sin molestar a nadie. Quizás esta imagen de un gusano encerrado en su propia cáscara resulte de todo menos bella, pero dudo mucho que algún día logre volver a discernir qué es en realidad hermoso y qué no. Así pues, deberéis disculpar mi falta de reparos a la hora de escoger unas similitudes sobre otras.

De acuerdo, pido perdón por esta manera tan absurda de enrollarme y no decir nada. Voy a ir al grano. Mi nombre es Tommy. Me acabo de mudar a Oakvale, Connecticut con mi madre y mi gata-rabiosa-que-me-odia Gamera. Los tres vivimos en una autocaravana junto al lago Oxoboxo. ¿Y sabéis por qué nos hemos venido hasta aquí y hemos dejado atrás nuestro antiguo hogar? Por el instituto de Oakvale y su, según mi madre, “excelente educación para gente como yo”.

Sí, porque si ya es de por sí complicado ser adolescente, ir al instituto y tener que luchar por sobrevivir en un ambiente tan cargado de pasiones muchas veces incontrolables, estoy muerto. De acuerdo, no estoy “muerto”, estoy… discapacitado. O así es como algunos nos llaman. Discapacitados vitales. Un día vivos, al siguiente muertos y otro más tarde, de nuevo en pie. Supongo que estaréis más familiarizados con el término Zombi. La palabra es lo de menos: su significado no varía. Es cómo se dice lo que marca la diferencia.

Debería estar muerto y enterrado, y sin embargo me encuentro aquí como muchos otros jóvenes. No sabemos por qué ha sucedido ni sabemos hasta cuando durará, pero eso no cambia la realidad.

Por eso quiero dejar constancia de todo lo que viva en esta segunda oportunidad que (¿el destino?) me ha otorgado.

Como ya he dicho: bienvenidos a mi blog. Hace tiempo creí que había llegado mi final, pero poco a poco me doy cuenta de que todo esto no es más que el principio.

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